Si visitas Salamanca, hay algo que tienes que tener claro desde el primer momento: aquí se viene a pasear, a empaparse de historia… y a comer muy bien. La gastronomía salmantina es contundente, honesta y profundamente ligada al producto y a la tradición. Y aunque hay muchos platos que merecen una mención especial, hay dos que son prácticamente obligatorios si quieres decir que has vivido Salamanca como se debe.
Patatas meneás en Salamanca
Las patatas meneás (también conocidas como patatas revolconas o machaconas) son uno de esos platos que demuestran que no hace falta complicar nada cuando el producto y la receta están bien pensados.
Se elaboran a partir de patatas cocidas, machacadas y “meneadas” con pimentón, ajo y aceite, y se coronan con torreznos crujientes que aportan el contraste perfecto. El resultado es un plato humilde, intenso y absolutamente adictivo.
Lo interesante de las patatas meneás es que:
- Son un plato tradicional de origen rural.
- Representan la cocina de aprovechamiento y de cuchara.
- Se sirven tanto como tapa como en ración para compartir.
En Salamanca, este plato se encuentra en bares de toda la vida y en restaurantes que respetan la receta clásica. Es un plato para disfrutar sin prisas, normalmente acompañado de pan y buen vino.
Jeta: el sabor más castizo de Salamanca
La jeta es otro de los grandes iconos gastronómicos de Salamanca. Puede generar dudas a quien no la conoce, pero una vez la pruebas… ya no hay vuelta atrás.
Se trata de la parte del cerdo correspondiente al morro y la careta, cocinada normalmente a la plancha o frita, hasta quedar crujiente por fuera y jugosa por dentro. Es un plato potente, con carácter, muy ligado a la cultura del tapeo y a los bares más castizos de la ciudad. Es un plato muy habitual en zonas de tapeo y bares tradicionales, especialmente frecuentados por locales, lo cual siempre es una buena señal.
Probar las patatas meneás y la jeta no es solo una cuestión gastronómica. Es una forma de conectar con la Salamanca más auténtica, la que va más allá de los monumentos y se vive en bares, mesas compartidas y conversaciones largas.
Si estás planeando una escapada a Salamanca, apunta esto: patatas meneás y jeta. Dos platos, dos formas de entender la cocina local y dos paradas obligatorias para conocer la ciudad desde dentro.
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